Coronavirus: el regreso triunfante del estatismo

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Quienes así piensan y dicen, olvidan que fue el Estado quien nos condujo a esta crisis, precisamente. Primero, con el ocultamiento de los graves alcances de los primeros casos del virus SARS-CoV-2, por parte de la dictadura china; después, por la minimización de su gravedad, el engaño de que se estaba controlando y la tardanza en dar la voz de alarma, por parte de la OMS, un organismo intergubernamental; y finalmente, por las semanas, meses, en que muchos gobiernos, especialmente en América Latina, vieron la hecatombe que se acercaba y decidieron hacer poco, más bien pensando en cómo aprovecharla políticamente.

En la búsqueda de seguridades y de alejar el miedo, se elogia a la dictadura china, por sus duros recortes en las libertades civiles para combatir el peligro, sin saber a ciencia cierta si sirvieron de algo, ante la opacidad de la cifras, o incluso, si se pudo hacer mucho mejor, como dejan ver experiencias tales como las de Taiwán, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur o el Véneto italiano.

La alarmante situación imperante hoy en todo el mundo solo deja ver que la atención de la pandemia fue una falla de Estado: un fallo de previsión, organización, recursos y coordinación de las administraciones estatales. En este sentido, en el liberalismo (en la mayoría de las corrientes liberales y libertarias), el Estado es esencial para hacer aquello que no pueden hacer los mercados, como el cuidado ante amenazas imprevisibles, como lo pueden ser, por citar un ejemplo, las catástrofes naturales. Pero ante esta pandemia, hemos presenciado cómo los Estados han fallado estrepitosamente.

Los Estados pretendieron centralizarlo todo, ser el actor casi único frente a la pandemia y con ello su ineficacia se hizo más y más patente, al no contar ni con los insumos, ni los equipos, ni el personal, ni la organización, ni los recursos, ni las facultades para hacerlo.

Así, su actuación fue de una negligencia atroz, al menos en América Latina, lindante con lo criminal. Donde no faltaban hospitales, faltaban equipos médicos o protocolos de atención. Donde no faltaban instrumentos, faltaba personal capacitado. Donde había ese personal, faltaban materiales y medicamentos. Donde los había, faltaban servicios forenses y cementerios. En la mayoría de lugares, faltaba todo. Y todos sabían de esas carencias. Pero durante tres meses la mayoría de los Estados latinoamericanos se la pasaron dando órdenes contrapuestas, ajustando cuentas con los enemigos políticos, haciendo como que no pasaba nada o perdidos en discusiones que, a la distancia, se antojan frívolas y distractoras.

Frente a la pandemia del COVID-19, el Estado ha servido de poco. Pero en contraste del Estado, el capitalismo está respondiendo.

Así, son las empresas las que mantienen el sistema, surtiendo los mercados, manteniendo un mínimo de actividad esencial en bancos, producción de bebidas y alimentos, manufactura de materiales médicos y medicamentos, transportes, farmacias, comercios, muchas veces pese a la obstrucción del Estado. Si del Estado dependiéramos, hace mucho que además de pandemia tendríamos escasez, hambre, saqueos. Quizá hacia allá vamos, inevitablemente, por la actitud de la mayoría de los gobiernos de parar brutalmente la economía y, muchas veces, solo dejar funcionar a empresas y sectores propiedad de aliados y amigos cercanos.

El Estado nos ha arruinado ya en el pasado. El Estado nos volverá a arruinar, pronto, en el futuro. ¿Por qué esperar que el Estado regrese, y suicidarse confiando absolutamente en él, como si no tuviéramos la experiencia de verlo una y otra vez hacer desastres en Latinoamérica, una y otra vez?

Si permitimos que el Estado fuerte regrese, así sin más, sin un mínimo de reflexión, crítica y oposición, iremos sin duda hacia un mundo más cerrado y excluyente, hacia una distopía nacionalista, proteccionista, iliberal, a un capitalismo autoritario y vertical, con la tecnología al servicio de un poder estatal omnímodo. Se instaurará entonces el sueño de Hobbes o la pesadilla de Orwell, aprovechando el miedo al contagio.

En lugar de claudicar frente al Estado por mero miedo, deberíamos reforzar los vínculos de la globalización, hacer que el Estado deje de obstruir las soluciones privadas, y depurar a aquellos que han fallado: a “expertos” y burócratas (nacionales e internacionales) que por soberbia y estupidez no nos han protegido y a los políticos incapaces de cuestionar el consenso de esos tecnócratas.

Cada país tendrá mucho qué hacer sobre esto. Los mexicanos vivimos estos meses con el tiempo prestado, sin imaginar que ese tiempo tenía un precio. Debido a la emergencia, desde el 13 de marzo y hasta el 6 de abril, se han perdido un total de 346 878 000 empleos. En menos de un mes, se borraron todos los trabajos generados en el país durante 2019. Y cuando finalice 2020, la factura habrá ascendido a 1.6 millones de empleos menos y miles de empresas en quiebra, con el desempleo y la pobreza consecuentes.

El estatismo salvaje creyó esto necesario al parar la economía mexicana, frente a las insuficiencias y el fracaso del sistema público de salud, alegando la falta de recursos para actualizarlo y prepararlo frente a lo que venía. Sin embargo, este mismo año se destinaron nada más y nada menos que 543 mil millones de pesos en pago de intereses de la deuda, sólo en intereses, sin reducir el principal. Una cantidad equivalente al 82 % del gasto público total en salud, que en 2020 es de 657 000 millones de pesos. Frente a la imprevisión y desfalco de los gobiernos anteriores y del actual, cada hora que el gobierno funciona se gastan 188 millones de pesos, tan solo pagando una deuda interminable. Así, no hay dinero que alcance ni para salud ni para nada.

Esto nos refleja que los mexicanos hemos tenido demasiada paciencia con la basura, la mezquindad, el egoísmo, la intestina miseria de políticos estatistas y burócratas sectarios, corruptos la mayoría de ellos. Los mexicanos (y latinoamericanos) hemos consumido demasiado estatismo por encima de nuestras posibilidades. Ya debiera bastarnos.

Victor H. Becerra

Victor H. Becerra

Victor H. Becerra es secretario general de México Libertario. Ha contribuido a la formación y el desarrollo de múltiples organizaciones liberales en América Latina. Síguelo en @victorhbecerra y en su blog personal: Caminando por América Latina

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