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Quizás sea demasiado tarde para América Latina

By: Frank Worley-Lopez - Nov 26, 2013, 8:09 am

EnglishMe han acusado de ser demasiado cínico, de predecir solo pesimismo y fatalidad. Mis acusadores quizás tengan razón, pero existen verdaderos problemas que deberían preocuparnos, y las soluciones a ellos son pocas e inefectivas. La extrema izquierda, los socialistas, se han atrincherado tan profundamente en América Latina que puede ser imposible detenerlos – por lo menos, a través de los medios tradicionales.

Si bien gran parte de la atención se centra en la Alianza Bolivariana y su creciente influencia en el continente, lo cierto es que América Latina ha llegado tanto al extremo de la izquierda marxista que lo que alguna vez fue considerado el “centro”, ahora se conoce comúnmente como la “extrema derecha” o el “ultraconservadurismo”. Es normal hoy en día, esperar subsidios del gobierno, aceptar la planificación centralizada y la gran cantidad de regulaciones – todas ellas características del socialismo y su gemelo malvado, el comunismo.

Los líderes de Venezuela, Bolivia y Argentina, entre otros, están trabajando para eliminar los mismos procesos democráticos que los llevaron al poder, para poder empujar así sus naciones hacia el comunismo total, al igual que en Cuba. Sin embargo, es importante comprender que su objetivo real no es solo el socialismo/comunismo en sus propios países, su objetivo es un sistema unificado en un solo país latinoamericano, bajo las reglas comunistas.

La actual administración en Washington DC está facilitando esta transición a través de la eliminación de la Doctrina Monroe , como se señaló en un artículo en PanAm Post .

Prestemos especial atención a las observaciones formuladas por la Investigadora Asociada de la Fundación Heritage Ana Quintana:

Al no nombrar específicamente a los infractores más flagrantes de la democracia, los derechos humanos y la libertad económica, el Secretario Kerry está poniendo en peligro el papel de Estados Unidos como el líder de la democracia en la región e inadvertidamente legitimando la Alianza Bolivariana. Los regímenes que gobiernan Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Argentina deben ser condenados públicamente por su destrucción de la democracia.

La izquierda también ha utilizado la democracia para elegir a sus dirigentes con mensajes sentimentalistas y argumentos vacíos, con el fin de obtener el poder. Luego, han utilizado ese poder no solo para afianzar su ideología en la educación y las comunicaciones, sino también para atacar los pilares fundamentales de la democracia: la propiedad privada y la empresa privada.

Sin embargo, no se detienen allí. Continuarán encontrando excusas para regular y controlar lo que ocurra dentro de la propiedad privada con el fin de justificar un mayor control del gobierno sobre la vida privada.

El socialismo se vende como el elixir de los pobres, una cura para todos los males que los afligen. Es, sin embargo, un veneno que mata a los más pobres y a todos los que lo beben. Mirar Latinoamérica descender en las profundidades del socialismo me recuerda a lo que deben haber vivido los seguidores de la secta de Jim Jones, que se vieron obligados a beber una poción con sabor a cianuro para ayudarlos. Los que no querían beberla, se vieron obligados también, o de lo contrario les disparaban.

Éste es el oscuro destino hacia el que se dirigen todos estos países.

Nadie tomó en serio a Adolf Hitler cuando hablaba de las cosas que quería hacer en Alemania. Veo la misma incredulidad actualmente en América del Sur. Sin embargo, la promesa de la Alianza Bolivariana es exactamente eso: la unificación de toda América del Sur. El hecho de que está siendo liderada por los socialistas y los comunistas da una indicación clara de qué tipo de gobierno habrá cuando la unión se realice.

La triste realidad es que, para aquellos que creen en la libertad y la democracia, el tiempo para una conversación educada y el debate racional puede terminar muy rápidamente mientras se adaptan a la nueva realidad. Esa realidad es lo que el presidente Nicolas Maduro ordenó en las últimas dos semanas con el ejército asumiento el control de las empresas privadas por presunta especulación de precios. En otras palabras, la fuerza militar se utiliza para castigar a los civiles cuyo delito principal es oponerse al régimen y sus políticas económicas.

Esta semana, Maduro ascendió a la categoría de dictador cuando la Asamblea Nacional de ese país le otorgó facultades especiales para gobernar por decreto, sin control del Poder Legislativo, durante un año. Con este nuevo poder que le permite utilizar las fuerzas militares para hacer cumplir su visión y la del ex Presidente Chávez, la situación no hará sino empeorar. Entonces, las únicas opciones que quedan para muchos latinoamericanos es escapar (en especial a mis amigos en Venezuela) o prepararse para resistir con la fuerza el creciente poder de la maligna Alianza Bolivariana.

La necesidad de las personas que apoyan la libertad en toda América Latina de unirse en un solo grupo ha crecido de manera exponencial. Tal vez es hora de contrarrestar la amenaza, creando la Alianza para la Libertad de América del Sur.

Traducido por Sofía Ramirez Fionda.