The Double-Standard the US Congress Applies to Itself

By: Ryan Hildebrand - Sep 4, 2013, 9:25 am

The British historian, Lord Acton, once wrote, “Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely,” and “There is no worse heresy than that the office sanctifies the holder of it.” Rarely have truer words been stated by an individual. Lord Acton was referring to popes and kings in this instance, but it is unsurprising that these words still have veracity in the twenty-first century, as men are still men, and fallible by nature.

File:Martin, John - Satan presiding at the Infernal Council - 1824.JPG
John Martin’s “Satan Presiding at the Infernal Council,” meeting with his demon minions (1824).

The same lure of easy, ill-gotten goods for those in power exists to this very day, and the US Congress is no exception. In yet another bone-headed, selfish move, they recently voted to repeal portions of the Stop Trading on Congressional Knowledge (STOCK) Act, which required members of that governing body to disclose their financial transactions online — something which never occurred anyway, with various stoppages before the repeal.

This is the same legislative body, mind you, which creates laws that govern how the very institutions they regulate may act. So they are more than likely to have information to which the average investor is not privy. It is akin to the sheep dog colluding with the wolves to cull the sheep to their own benefit.

Even President Barack Obama has said “The idea that everybody plays by the same rules is one of our most cherished American values. It’s the notion that the powerful shouldn’t get to create one set of rules for themselves and another set of rules for everybody else, and if we expect that to apply to our biggest corporations and to our most successful citizens, it certainly should apply to our elected officials — especially at a time when there is a deficit of trust between this city and the rest of the country.”

His tired adage of “national security” makes him no less of a hypocrite as he signed the STOCK Act’s repeal. Seriously, who believes this “crying wolf” tale any longer?

WASHINGTON, DC - APRIL 04:  Surrounded by memb...
Obama signing the STOCK Act repeal.

This is “par for the course” when it comes to Congress, the same institution that exempted itself from the Americans with Disabilities Act of 1990. This required rectification with the Congressional Accountability Act of 1995, but even that law only applied to past congressional exemptions. One naturally infers that Congress constantly attempts to exclude itself from the very laws it imposes upon the citizenry of the United States, with the hope that some, if not all, of these exemptions will pass unnoticed.

As noted, the reporting exemptions in the STOCK Act are not unprecedented, nor are they unique. Congress and President Obama have recently colluded to exempt themselves from the very controversial “Obamacare” or Affordable Care Act, passed in 2010. Draconian, profit-losing burdens upon the private sector are so much easier to pass when those in Washington, D.C., are exempted from the pain.

It is unfortunate that individuals such as Senator Grassley (R-Iowa) must even wage a battle to have Congress participate in the very exchanges they created for the peasants . . . I mean, “constituents” — but at least the public has a champion against such hypocrisy still. Though, if history is any guide, an appeal will likely take years, if not decades, to congeal into reality.

All the while, the people suffer the consequences to which Congress has made itself immune. If Congress feels the necessity to exempt itself from a particular piece of legislation, it should never vote to enact the legislation to start with. What is good for the goose is good for the gander.

Ryan Hildebrand Ryan Hildebrand

Dr. Ryan Hildebrand is a college instructor in New Orleans, Louisiana, and co-host of The Neo and Wim Show. You can follow his personal blog, NOLA City Blues, and his Twitter @NOLACityBlues. Read more of his featured PanAm Post column, "Self-Ownership."

Destruir el Estado de Derecho es Destruir el Sueño Americano

By: Contributor - Sep 3, 2013, 11:57 pm

Durante mis primeros años como inmigrante solía tener pesadillas en las que estaba de vuelta viviendo en Argentina, mi país natal. Había visto vidas, negocios, y un sinfín de sueños destruidos de un día para otro por el uso arbitrario de la ley, o por la falta de aplicación de buenas leyes. Muchos hacían la vista gorda a uno u otro aspecto de la verdadera justicia. Activistas de izquierda y de derechos humanos fueron cegados a los ataques y abusos de los empresarios; los simpatizantes de extrema derecha fueron cegados a los asesinatos y secuestros de terroristas. En lugar de una justicia ciega, crecimos en un país con una epidemia de ceguera hacia el tesoro del verdadero Estado de derecho. La sociedad civil se in-civilizó al ser testigo de las agencias gubernamentales que actuaban como fiscales, reguladores y jueces de sus propias causas. Los burócratas podían enviar a la quiebra casi cualquier empresa que se enredara en su telaraña de regulaciones confusas, desconocidas, y muchas veces contradictorias. La arbitrariedad y la impunidad de los gobernantes, elegidos y no elegidos, logró que la mayoría de nosotros perdiéramos el respeto por las reglas y reglamentos. ¿Está los Estados Unidos infectado por la misma enfermedad? En los capítulos de American Illness: Essays on the Rule of Law (Yale University Press, 2013), los autores abordan varios de los desafíos más apremiantes a la libertad y la prosperidad. A juzgar por el contenido del libro, la respuesta es preocupante: la mayoría de las áreas de la justicia en los Estados Unidos están bajo ataque. La colección editada por Frank H. Buckley incluye capítulos realizados por académicos de facultades de derecho. Buckley, que es profesor en George Mason University , una universidad con un número sin precedentes de economistas orientados al mercado, fue testigo y líder de diálogos fecundos entre ellos y los abogados. No es sorprendente, entonces, que muchos de los autores tengan amplia experiencia en el mundo de los think tanks, incluyendo la Corporación RAND, Hoover, Mercatus, The Center for Contract and Economic Organization de la Universidad de Columbia, el Programa de Berkeley en Derecho y Economía, y el Instituto Freeman Spogli de Stanford. Los economistas, juristas y filósofos políticos definen imperio de la ley en diferentes formas y se centran en diferentes aspectos. Todos ellos, sin embargo, apuntan a la función esencial que desempeña en una sociedad libre y la importancia de la imparcialidad de los tribunales. Francis Fukuyama dedica parte de su capítulo "El Estado de Derecho en China" para definir el término. Mientras que los economistas enfatizan "derechos de propiedad modernos y ejecución de contratos", los abogados ven a la ley como "un conjunto de reglas de la justicia que unen a la comunidad." Fukuyama señala los principales problemas que enfrenta el modelo chino: burocracias centralizadas con problemas para adaptarse a los cambios rápidos de la economía actual; dependencia extrema en "emperadores buenos" sabiendo que nunca está garantizado que siempre van a ser "buenos"; y carencia de legitimidad. Después de leer La Enfermedad Americana (American Illness), uno tiene la impresión de que los EE.UU. se está moviendo en la misma dirección: las burocracias centralizadas están tomando más poder, la hipocresía de los "emperadores" está erosionando la confianza en todo el Estado de derecho, y el sistema está perdiendo legitimidad, ya que es visto como al servicio de los capitalistas de izquierda o de derechas compinches con el poder. En su capítulo, Richard Epstein muestra el daño causado por el pensamiento "progresista" y por el crecimiento de la intervención del gobierno. Llama a un retorno a los principios liberales basados en reglas claras que estimulan la innovación y llevan a un crecimiento a largo plazo. La recientemente creada Oficina de Protección Financiera del Consumidor, sirviente de la Banca Central, va exactamente en la dirección equivocada; su director, Richard Cordray, ha recibido poderes sin precedentes y casi sin supervisión legislativa. Es el ejemplo más reciente de los organismos que, por su naturaleza e incentivos, están destinados a pisotear el Estado de Derecho. En un trabajo inédito, presentado el mes pasado en la Sociedad Federalista, el Dr. Allan Meltzer de la Universidad Carnegie Mellon, y también investigador asociado en la institución Hoover, en la Universidad de Stanford, describió cómo las nuevas normas nos están alejando del Estado de derecho que pretendemos defender. Meltzer concluye que Estados Unidos está en el mismo camino que "llevó a muchos países a la corrupción, al capitalismo de amigos y a los privilegios especiales." Dada la importancia que el Estado de derecho tiene para la salud del sistema de libre empresa, este es un libro de particular importancia para los economistas y los inversores. Al igual que en la película "Fantastic Voyage" (1966), donde un submarino en miniatura se transporta a través del sistema sanguíneo del cuerpo humano para encontrar y desintegrar un coágulo, los capítulos bien seleccionados de la "enfermedad estadounidense" llevan al lector a través de las diferentes partes del cuerpo legal de América. La vista desde el interior no es agradable. En palabras del juez Douglas H. Ginsburg, los ensayos muestran cómo el sistema legal estadounidense "agobia a los ciudadanos y a nuestra economía, además de ponernos en una desventaja competitiva a nivel internacional". Esperemos que este profundo diagnóstico de la enfermedad lleve a los think tanks y a los académicos a redoblar esfuerzos para recuperar el Estado de Derecho. El sueño americano está en juego. Artículo originalmente publicado en Forbes. Traducido por Relial.org.

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